Es que, quieras que no, pintar cansa.
No es como lo sacan en las pelis o las series de la tele. Nada de un par de brochazos y listo. No, qué va. Más bien un par de miles de brochazos y veremos a ver si está listo o hay que repetir. En fin.
Pues he pintado el techo (de blanco, claro) y una de mis dos paredes. No penséis que mi habitación tiene sólo dos paredes ni nada de eso, es que una de las cuatro está forrada de corcho (del marrón, no del blanco, no somos tan cutres) y la otra está ocupada por un armario empotrado.
Esta noche son los conciertos de la Romería. A mí me gustaría mucho ir, porque toca Despistaos y me encantan, es uno de mis grupos preferidos. Pero mi novio dice que no, que va a haber mucha gente (¿no jodas?), que vamos a tardar horas en salir de ahí, que se van a montar colas impresionantes...
Últimamente me da la impresión de que habla como si tuviera 89 años, no 19. Parece un viejo excomandante de guerra (del bando nacional) que se pasa el día añorando los buenos años de nuestra España querida, viendo cómo las nuevas generaciones la llevan por el camino de la perdición. Creo que sus inclinaciones políticas se están yendo demasiado a un extremo. Miedo me da.
Bueno, puede que sean cosas mías (más vale que lo sean). Me voy, que tengo que sufir esa tortura autoagresiva que llaman depilación.
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